💻La tecnología nunca falla.
Jan 21, 2026
Nadie despierta un lunes pensando: “Hoy voy a tomar una mala decisión tecnológica”. (Aunque conozco a dos que tres que han tomado esa frase como su misión de vida, pero de ellos hablare en otra ocasión.)
Pero regresando al tema de hoy, las malas decisiones pasan. Todo el tiempo.
El proyecto fracasa.
El presupuesto se evapora.
El proveedor “estrella” desaparece con todo y el código, reglas de negocio y diseños que tu le enseñaste.
Y la tecnología, convenientemente, se vuelve la culpable oficial.
Es cómodo y también es totalmente falso.
La tecnología no decide nada. Ejecuta.
El problema real suele aparecer mucho antes del kickoff, cuando alguien confundió información con criterio y velocidad con claridad. Ahí empieza el desastre, aunque todavía no tenga nombre ni factura.
He visto comités completos debatir herramientas como si fueran dogmas religiosos. PowerPoint impecable. Benchmark internacional (que salieron de quien sabe dónde) . Casos de éxito sacados de Google y que nadie verificó. Y aun así, nadie fue capaz de responder la única pregunta incómoda: ¿qué decisión de negocio estamos intentando habilitar?
Silencio elegante. Café caro. Riesgo intacto. Ego.
La mayoría de las organizaciones no fallan por falta de tecnología, fallan por exceso de ruido. Demasiadas opiniones. Demasiados incentivos cruzados. Demasiado miedo a quedar mal si se cuestiona la moda del momento. Demasiada ignorancia. Demasiado ego. En ese entorno, la decisión no la toma el más lúcido, sino el más convincente.
Y ahí está el truco sucio del sistema: se premia la seguridad aparente, no la claridad real.
El líder de TI queda atrapado en medio. Si empuja, es “rígido”. Si duda, es “poco estratégico”. Si pregunta demasiado, “no es práctico”. Así que muchos optan por la vía políticamente correcta: aprobar, ejecutar y esperar que funcione.
A veces funciona. Como todo en la vida.
Cuando no, nadie recuerda quién levantó la mano primero.
El verdadero trabajo estratégico no está en elegir tecnología. Está en diseñar el marco mental desde el cual se decide. Eso no se compra, no viene en licencias y no se aprende en un webinar de 45 minutos. Se construye con experiencia, cicatrices y la humildad de aceptar que decidir mal rápido sigue siendo decidir mal.
El cometer errores es parte del proceso de madurez, "pero" que no se convierta en el "modus operandi" porque entonces ahí caemos en otro escenario...
La ironía es brutal: las empresas invierten millones en herramientas para reducir el error operativo, pero casi nada en reducir el error de criterio. En preparar y educar a sus equipos en cómo mejorar su forma de pensar. Como si pensar bien fuera un talento espontáneo y no una disciplina.
La tecnología amplifica. Nunca corrige.
Si diseñas un proceso de negocio que entrega resultados positivos y lo automatizas, ya estas del otro lado, pero por el contrario, si diseñas tonterias, lo automatizas, ya sabes en donde vas a terminar.
Si el criterio es débil, el fracaso será más rápido, más caro y más visible. Con dashboards incluidos.
La próxima vez que alguien diga “el sistema falló”, escucha con atención. Probablemente lo que falló fue la conversación que nunca se atrevieron a tener.
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